Tiempos raros estos que nos han tocado vivir con la pandemia mundial del Covid19 marcando el paso. En el plano personal  no podemos por menos que mandar un fuerte abrazo a Borja Domecq y toda su familia con la que tantos años llevamos de relaciones y amistad.

Mucha preocupación por nuestro padre, su edad y proceso oncológico lo convierte en persona de riesgo. Procuramos que permanezca en el cortijo y aledaños y tenga el mínimo contacto con gente que venga de fuera. Como sabéis los que lo conocéis, él que es un hombre sabio del campo y del toro, de fácil conversación y mucho carácter y le ha costado pero renuncia con responsabilidad a los pequeños placeres de su tertulia en Rosal de la Frontera, de sus conversaciones con visitas, proveedores, compradores, gentes del toro y de la ganadería y la agricultura que van pasando por casa durante la semana.

Los demás andamos cada cual a nuestras cosas. Los del campo sin parar. El ganado no entiende de coronavirus y sigue teniendo las mismas necesidades y requerimientos. Ganadero, mayoral y vaqueros nos volcamos y somos apasionados del atender al ganado. Vacas y machos, siguen con la rutina de una explotación en extensivo y nos faltan horas para alimentar, dar de beber, procurar los mejores pastos, revisar cada día su estado de salud, heridas, partos. Los problemas sanitarios, de suministros y movimientos de ganado se acrecientan al estar funcionando la sociedad al ralentí. Por cierto, con dolor os damos una mala noticia, ha muerto Español, el toro indultado por Gines Marin en Palos de la Frontera la pasada primavera, Era un toro noble pero muy humilde y el más joven en el cerrado de los sementales, donde había vuelto después de estar un mes con las hembras, apenas habrá  cubierto una docena. Veremos como da. Éstas son las cosas del día a día en el campo donde hacemos vida laboral normal, más intensa por los incidentes que provoca la especial situación que padecemos Y por la idiosincracia de nuestra explotación en dos países.

El personal de la oficina también lo padece y cualquier trámite es una odisea con la administración a un cuarto de gas y todo el mundo sin saber muy bien a qué atenerse en cualquier proceso que antes era automático y ahora se eterniza.  en nuestro caso, con explotaciones y fincas a ambos lados de la frontera lusoespañola todo se multiplica por dos, legislaciones, formas de entender las cosas, procesos, velocidades…

Una vez acabada la jornada, todo es más triste. Nuestros pueblos, Rosal, Cortegana, Ficalho, Mourao Santa Bárbara no hacen vida en la calle y en los cortijos reina cierta tristeza inexplicable para quien no conociera la situación por la que estamos pasando. Solo nuestra pasión por el toro y el caballo alegran estas horas de ocio, chimenea y preocupaciones. Hablando estos días, desde la distancia y por teléfono, con nuestro padre se nos ocurre alguna cosa de la que os queremos hacer partícipe

Reflexiones a la luz de la crisis

Nuestras explotaciones de vacuno de carne, el cochino, el bravo y alguna cabra no deben presentar problemas de supervivencia. Pero el rendimiento, más en un año tan complicado como este, máxime viniendo de otro año difícil en lo climatológico como el 19,  sí que va a a entrar dificultades, dificultades a las que estamos acostumbrados los que tenemos negocios a la intemperie y sabremos sacar adelante con esfuerzo, trabajo y apoyo de nuestro personal y nuestros proveedores y clientes.

Sin embargo nos preocupa sobremanera el ganado bravo. Como muy bien ha definido nuestro padre, vienen meses en la ganadería de bravo en los que los gastos van a ser iguales o mayores y los ingresos simplemente tienden a cero. Con muchos espectáculos, algunos para los que ya teníamos toros comprometidos, que no se van a celebrar y por delante una temporada que mucho nos tememos que hasta más allá del mes de junio o julio no volverá a la normalidad. Nosotros criamos toros bravos que solo se pueden lidiar con más de cuatro y menos de seis años en una plaza, producto perecedero y, aunque tenemos este año una camada relativamente corta, tres o cuatro corridas completas,  nuestra ilusión y nuestra necesidad es lidiar para confirmar la positiva evolución mostrada por nuestra ganadería las últimas temporadas tras los cambios y pruebas que vamos realizando con sementales y madres.

Más allá de nuestra situación particular y por las vivencias que nuestros mayores nos han marcado en la vida, sabemos que cualquier crisis debe ser tomada como una oportunidad y un compromiso de todos para cambiar cosas. La tauromaquia  debe cambiar y esta es quizás una de las últimas ocasiones que tengamos para hacerlo.

No afectan las crisis de la misma manera a todos los sectores. A saber, el fútbol, en la cúspide de sus ingresos y repercusión social, se verá afectado por esta situación pero tiene muchas más posibilidades de retomar caminos de rentabilidad y normalidad tras este obligado receso. Sin embargo la tauromaquia ya venía tocada del ala desde mucho antes de este complicado 2020 y se debe plantear ahora indefectiblemente una auténtica refundación, donde el ganadero debe ser tenido muy en cuenta y escuchado para hacer viable y sostenible a medio plazo la  fiesta brava.

Es crucial incentivar y recuperar festejos menores en pueblos y llevar a la gente joven a las plazas y a sentir la fiesta brava como propia. Es el momento de hacerlo con generosidad por todas las partes, especialmente las cuadrillas que en su desproporcionado desequilibrio condicionan mucho la viabilidad de estos espectáculos. La única forma de avanzar en ese camino es que las figuras del toreo se responsabilicen y recompongan la actual e injusta situación.

Es también crucial la función de la administración, no viendo al toro y su gente como presunto delincuente por norma y ayudando y apoyando al segundo espectáculo de masas de este país. La primera ayuda debe venir en una nueva regulación de las aportaciones a la Seguridad Social, en liberar de gastos innecesarios en los espectáculos y en las dehesas de bravo y en ver que en la tauromaquia hay interlocutores válidos y responsables.

Esta tesitura debe servir para que el sector retorne al equilibrio de fuerzas donde torero y toro deben gozar del protagonismo decisorio en todos los aspectos del ciclo productivo y artístico de la nueva tauromaquia como lo fue en la antigua. Una nueva tauromaquia donde todas las partes debemos ser generosas y exigentes, demostrando visión de futuro sin perder la noción de quiénes somos y de dónde venimos y desfaciendo históricos entuertos y anomalías anacrónicas que anquilosan la tauromaquia

Crucial es el momento también para redefinir y replantear los necesarios derechos de imagen tan nefastamente negociados para las ganaderías de toros de lidia. Insistimos los dos protagonistas principales, toro y torero, deben ser sobre quien recaigan las máximas responsabilidades y también beneficios.

Debemos los ganaderos de bravo analizar nuestro sistema productivo con espíritu crítico, poner en común inquietudes, dificultades y proyectos que desde la unidad y la libertad del mercado nos permitan la viabilidad y sostenibilidad de una actividad que es ecológicamente necesaria, económicamente sostenible y románticamente disfrutable.

Aprovechemos el momento. Quizás dentro de unos años no tengamos la oportunidad de luchar para legar a nuestros hijos el patrimonio cultural, agropecuario y economico que recibimos de nuestros padres.