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@PeredaDehesilla

Tarde de tentadero con los alumnos de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo

La Dehesilla recibió estos días la visita de un grupo de alumnos de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo, desplazados ex profeso y desde tierras madrileñas para echar una tarde de tentadero en casa de José Luis Pereda. Mereció la pena el viaje porque las cinco vacas tentadas ofrecieron a los noveles la posibilidad, tanto de disfrutar, como de  experimentar lo inabarcable que muchas veces es el oficio de torear. Más, cuando apenas se comienza en él.

 

Hacía calor en El Rosal a la hora de empezar. Mucho calor. Un calor tórrido que caía de plano y que invitaba al refugio a la sombra más que al toreo. Pero también esto le vino bien a los alumnos de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo que no sólo se pusieron a prueba en lo taurino, sino también en lo físico. Así se lo advirtió su profesor, Catalino Froilán, Catalo como ellos le llaman. Un antiguo torero que no consiguió nunca curarse del veneno del toreo y que lleva toda su vida dedicada (setenta años le alumbran ya) a guiar por los duros caminos del oficio a quienes son casi sus nietos porque les dedica más tiempo a ellos que a la propia familia. Junto a Catalo, Blas García, profesor también de la escuela, aficionado locuaz y de amena conversación e instructor de consejo directo al novel para que no se pierda por las ramas de la coba. Con ellos, cuatro toreros de diferentes edades y nivel. Más aventajado Ángel Sánchez, a la sazón triunfador el año pasado del certamen de escuelas taurinas Camino a las Ventas que se celebra en la provincia de Madrid. Con cierto bagaje ya también Álvaro García y Jose Aguilera. Más nuevo, Fernando Castro, representante de la hornada más joven de toreros que se forja en Colmenar Viejo, donde incluso crece ya un alumno de apenas ocho años.

 

 

 

Todos ellos se midieron a cinco vacas de distinta exigencia. Con nobleza y mucha clase la primera. Demasiado rajadita la segunda. Exigente por complicada la tercera, de las que piden el carnet. A mejor la berreona sarda que hizo cuarta. Pasó por las manos de los cuatro noveles y, lejos de malearse, fue a más, encastada, humillada y codiciosa. La mejor, la quinta, aprobada de hecho por José Luis Pereda hijo, quien dirigió el tentadero. Tuvo mucho de lo mejor que se busca en un animal bravo. Calidad y clase a raudales. Un deleite para los novilleros justo cuando la tarde, ido ya el calor, se había puesto de dulce para no dejar de torear.

 

Al terminar, satisfacción diferente en cada uno de los alumnos de la Escuela Taurina de Colmenar Viejo. Más contentos Ángel y Álvaro, a quienes su oficio les permitió disfrutar plenamente. Con un batiburrillo de conceptos y de matices técnicos dándole vueltas en la cabeza, Jose. Un poco enfadado consigo mismo Fernando, con la sensación de lo complejo que es el toreo palpitándole en la piel. A buen seguro que la vuelta a casa fue entre darle vueltas a la cabeza de cada uno de ellos y las explicaciones de los profesores. Todo sirve si se sabe encauzar bien. Y, al día siguiente, al colegio todos, que eso sí que Catalo no lo disculpa: quien no apruebe sus asignaturas, no torea. Que si difícil es el toreo, más lo es la vida y la cosa no está para perder el tiempo. Ni en uno ni en otra…

 

Por delante aguarda a los alumnos de esta Escuela de Colmenar Viejo esta temporada casi sesenta novilladas donde seguir forjándose. ¡Que la suerte y la providencia os acompañe! Mientras, en La Dehesilla daba gusto quedarse de cómo se había puesto la tarde noche…

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