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@PeredaDehesilla

Juan Leal, toreo bueno al fuego lento de La Dehesilla

Es pleno invierno. Tiempo aún de calma para los toreros que no han hecho las américas. Tiempo de calma aún, aunque por poco tiempo. Y es que en el horizonte se divisa ya el amanecer de una nueva temporada. Una temporada definitiva también. Como la anterior y como todas. Al fin y al cabo, está en juego el futuro inmediato, ése que en el toreo, más que en nada en la vida, se gana a minuto a minuto...

 

Bien lo saben los toreros jóvenes, los que nada tienen ganado aún en lo material, los que todavía cuentan por mucho más las ilusiones que las realidades, los objetivos que lo conseguido. Toreros jóvenes que tienen de su parte el tiempo: el que les sobra y el que se va acortando para ponerles allí donde sueñan. Entre ellos, se cuenta Juan Leal. Un francés con aire sevillano que tiene medio locos a los aficionados de su país y con un ojo puesto en Francia a los taurinos de por aquí. Se ha ganado esa expectación, ese run run, esas ganas de esperarle y de verle... 

 

Para Juan Leal, 2014 tiene que ser un año importante. El año de confirmar todo lo apuntado. El año de merecer las aspiraciones en su mente y en su áura. Él lo sabe y tiene sus sentidos puestos plenamente en preparar lo que le esté por venir. Con paciencia porque no son momentos de correr demasiado. Es mejor forjarse, ir creciendo, cuajarse. Y Juan Leal lo está haciendo. Ha encontrado en Maurice Berho, su apoderado, su mentor, su amigo, su partidario más convencido, la mejor horma del zapato. Curtido en mil tardes de toros y de campo, Mauricio ha aprendido de esto a través del objetivo privilegiado de su cámara, por donde ve sólo lo que quiere mirar. Para qué más... Y ese objetivo sólo tiene ojos ahora para Juan Leal. Y lo goza con la pasión ardiente que es patrimonio de quien tiene a la Tauromaquia latiendo por dentro.

 

Su torero le da motivos. Juan Leal mira al frente y ve luces. Y esas luces le motivan y le jalean. Por ejemplo, Arles, en abril, prontito, en el momento justo para darle un zarpazo a las puertas más remolonas para abrirse. Por qué no Sevilla... Probablemente Madrid... Y algunas más. Muchas más. Pero primero, Arles. Que es feudo propio y Francia no es como España para las cosas del toro. Allí siempre van por delante. Tanto como Juan Leal pone sus trastos a las vacas en una mañana de tentadero en La Dehesilla. A medias se turnan las nubes y el sol en el cielo del Rosal de la Frontera. Llueve a ratos y el campo lo agradece, que ya tocaba... Por eso huele a humedad, a tierra mojada... y a toreo del bueno. Disfruta el torero con las becerras y lo hacen los ganaderos con el matador. Ojalá que no sea la última vez. Si Dios quiere, Pereda y Juan Leal se cruzarán en breve: en Arles. Así está previsto a falta sólo de confirmación. Si todo sale como hoy en el tentadero, será una gran tarde de toros. Con ese regusto a esperanza se citan los protagonistas. La Dehesilla da buen bajío a los toreros que por aquí vienen a torear... Será cuestión de comprobarlo en ese coliseo arlesino donde el tiempo se paró para ver toros y así lleva ya siglos. 

 

Fotos: Maurice Berho

 

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