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@PeredaDehesilla

La Dehesilla, el laboratorio de la bravura

El invierno es el tiempo más hermoso en el campo bravo. La pausa aún dura, aunque ya se divisa en el horizonte el amanecer de una nueva temporada. Como las esperanzas de tantas ilusiones que se han ido fraguando al calor de la candela de la casa, un manto verde intenso lo cubre todo dándole al escenario un realce único. Los ganaderos no paran de darle vueltas a sus toros en cada cerrado en busca de los lotes más parejos, los más bonitos, los más adecuados para cada plaza, mientras tratan de ir cerrando ese rompecabezas de cada año por estas fechas que es el encaje de cada una de las corridas previstas. La pausa aún dura, aunque se presiente ya que le queda poco. Entretanto, en el laboratorio de la bravura se sigue cociendo el futuro de una ganadería en plena transformación.

 

En ese laboratorio único y natural que es el campo bravo, la actividad es especialmente intensa estos días. Hay trabajo acumulado tras las lluvias de las semanas precedentes que tanto limitaron lo que se podía hacer. Han sido días éstos últimos de ganarle tiempo al tiempo para, precisamente, recuperar todo el tiempo perdido. Más aún, en ese proceso de evolución en que se encuentra la ganadería de José Luis Pereda y La Dehesilla en busca de concretar y definir más su esencia siempre a partir de la raíz Núñez. Por eso la alquimia es aún más importante en estos momentos. La búsqueda, la prueba, la selección. En este sentido, han sido muy positivas estas intensas jornadas de tienta por la marcada uniformidad en sus virtudes que han desarrollado las becerras y los machos que se han toreado. Con un denominador común: la toreabilidad. Esa amalgama resultante de otros valores como la fijeza, la prontitud, la nobleza, la entrega, el recorrido y la duración. Así lo han constatado, por ejemplo, los matadores de toros Eduardo Gallo y Alberto Gómez y el novillero Ángel Jiménez.

 

El encuentro de los dos primeros en La Dehesilla tuvo la feliz noticia de la reaparición, de momento en el campo, de Alberto Gómez, que va superando ya la serias lesiones de vértebras que le produjo la voltereta que le propinó un toro el pasado 9 de octubre en Valencia cuando realizaba un quite por gaoneras. Son ya casi cuatro meses de forzados, dolorosos y paciente trabajo de rehabilitación para vencer unas lesiones que cerca estuvieron, incluso, de dejarle en una silla de ruedas. Por suerte, aquel mal augurio se quedó sólo en eso y el diestro levantino intensifica su puesta a punto de cara a la reaparición que tendrá lugar el 1 de marzo en Bocairent. "Le estoy muy agradecido a la familia Pereda por el detalle y el gesto de sensibilidad que ha tenido conmigo al invitarme a torear y propiciar que sea en su casa donde, sin ninguna duda, me haya sentido torero de nuevo después de estos meses tan duros. Me ha venido muy bien ponerme delante otra vez de la cara, en este caso, de las becerras para ir soltando músculos y, por qué no decirlo, también todas las dudas que te deja un percance como el mío. Volver a torear ha sido para mí una inyección de felicidad y de ánimo muy grande que me va a servir mucho para lo que está por venir", explica Alberto.

 

 

Coincidió el valenciano con Eduardo Gallo, uno de los toreros integrantes del cartel del próximo 7 de febrero en Valdemorillo, junto a Curro Díaz y Arturo Saldívar. Mostró el salmantino un momento profesional muy dulce en su paso por Rosal de la Frontera. Con el oficio en la cabeza y en la yema de los dedos y un poso de cuajo bien sólido que invitan a esperar de él esa temporada de irrupción definitiva que necesita para avanzar en su status profesional. Dos becerras y un utrero toreó Gallo. Cada uno de ellos distinto en sus posibilidades y en sus complejidades, pero los tres con un denominador común antes apuntado: la toreabilidad. Era encontrar y tocar esas teclas que cada animal precisaba y corresponder éstos con una embestida enclasada, templada y a mejor que el diestro charro exprimió y degustó de lo lindo. "Me ha venido muy bien esta toma de contacto con el ganado de Pereda de cara al compromiso de Valdemorillo. He disfrutado y me he sentido muy a gusto al comprobar que las becerras y el novillo me devolvían con su comportamiento la lidia que les he ido dando a cada uno de ellos. Estoy convencido de que la corrida del 7 de febrero va a servir, seguro", espetaba Eduardo Gallo.

 

 

 

Por delante de ellos ha tentado también estos días el novillero Ángel Jiménez, presente de igual modo en los carteles de la Feria de San Blas y la Candelaria de Valdemorillo. Un torero éste en pleno proceso de forja aún, pero con un interesante oficio ya adquirido y buenas maneras para adornar su concepto. El laboratorio de la bravura sigue en ebullición en las tierras de Pereda. Es ese otro frenesis, más pausado, a que el invierno somete a los ganaderos en esa labor sin tregua de científicos de la genética para seguir construyendo el futuro del animal más bonito del mundo.

 

 

Fotos GONZÁLEZ ARJONA

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