free templates joomla
@PeredaDehesilla

Viajero ya es el príncipe de La Dehesilla

Se fue en busca de la gloria y volvió a casa con toda ella. La llevaba -la gloria- prendida en las paredes de su sangre, ese océano donde se cultiva ese milagro de la naturaleza que se llama bravura. Quiso el destino que fuera Huelva, la casa de los suyos, donde esa gloria le estuviera esperando una calurosa y luminosa tarde de mayo. Le tocó cerrar festejo, aunque, con él, nada se cerró, sino que se abrieron de par en par las puertas de esa experiencia emocionante e inolvidable que es asistir al indulto de una res brava. 

 

¿Que el reglamento dice que no se puede perdonar la vida a un eral en un festejo público? Perfecto, pero el día que se le ponga coto a la grandes emociones espontáneas que emanan del toreo cuando explota en toda su plenitud, éste ya no será él. Y eso pasó en Huelva. Que salió al ruedo de La Merced Viajero-152. Y que ya en sus primeras embestidas se comprobó que era un cañón de alegría su manera de acudir a los trastos de los toreros. Su celo, su entusiasmo por ir siempre hacia adelante, su boyantía, su clase iban a más y a más aunque la muleta del novel que tenía delante, Cano de Rociana, no siempre viajara con el tempo más adecuado. Daba igual. Fluía la bravura con tal liquidez, con semejante fuerza, con tamaño color, que el toro -aunque en este caso tuviera sólo dos años- se hizo el gran protagonista de la tarde. Y se empezó a pedir su indulto. Y los profesionales empezaron a mirarse entre ellos pensando por qué no. Y al ganadero se le prendió la emoción a la cara, como deslumbrado. Y el palco, cómplice del espectáculo, sacó el pañuelo naranja. Era la segunda vez que pasaba en La Merced en sus 31 años de vida recobrada. En la ocasión anterior fue el día de Andalucía del año 2000. Fue entonces el perdón y la gloria para Culito, también de José Luis Pereda, y que aún disfruta de cuanto se ganó en los pagos de La Dehesilla y de Barroso.

 

Emprendió entonces Viajero-152 su viaje más gozoso. Y se echó al campo después de ser curado ya en la propia plaza. Y se le dejó a su aire, a su libre albedrío, para que se recuperara y superara el estrés de la lidia y del trajín. Y en libertad sigue. Seguido muy de cerca por su dueño, entusiasmado, ilusionado como niño con zapatos nuevos, feliz. José Luis Pereda es un convencido de que, más allá de normas escritas, tenía que imponerse el sentido común de la propia naturaleza y Viajero debía volver a donde está, al campo. "Fue soberbio cómo se comportó en la plaza. No pasó desapercibido a nadie, ni a los profesionales, ni a los aficionados, ni siquiera al público menos entendido. La pasión de su embestida caló en todos y a todos llamó la atención. Y todo aquello fue a más. Y a mejor. No nos cabe duda alguna: el indulto fue muy justo", afirma el ganadero.

 

 

 

Varios días después de su vuelta a casa, Viajero-152 está muy recuperado de las secuelas de la lidia. "Se le ve alegre y entero. En un festejo como una clase práctica, el daño que reciben los animales es mínimo y, a pesar de su juventud, el eral lo tiene más fácil para salvar la vida. A día de hoy, estamos muy tranquilos en este sentido y confiados de que el novillo se recuperará del todo. Ahora lo que necesita es paz, tranquilidad y ésas las tiene por completo. Es una delicia quedarte frente a él, sentir cómo le sigue brillando la bravura en la mirada y saber que, si Dios quiere, a lo mejor algún día será un buen semental. Se lo ha ganado y, con ello, nos ha colmado de felicidad", explica José Luis Pereda.

Este sitio utiliza cookies propias y de terceros para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analíticas. Aceptar Más información