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@PeredaDehesilla

Juan Quinta, un nuevo rejoneador se forja en La Dehesilla

Es el último eslabón por ahora de una de las dinastías de profesionales taurinos más prolíficas del momento, los Quinta. Hijo de Juan de Dios, picador de El Fandi. Lleva, por tanto, el toro en la sangre. Y el caballo. Ha nacido entre ambos y entre ambos crece. Por eso no es extraño que, de la fusión de las dos pasiones, haya fraguado su pasión por excelencia: el rejoneo. Juan Quinta está en puertas de su debut, el próximo 3 de septiembre en Zalamea la Real, y ultima ahora su preparación desde hace unos meses entre La Dehesilla y Herdade do Barroso, las tierras de Pereda, su cómplice en estos momentos de ilusión y expectativas. 

 

Para Juan, José Luis -rejoneador también a la vez que ganadero- es la voz que le corrige y le enseña, a la vez el maestro y el amigo, quien no duda en rectificarle con autoridad cuando las cosas no se hacen bien y quien, al mismo tiempo, le jalea con entusiasmo cuando las hace según lo transmitido en estas semanas -desde el mes de junio- que Juan y José Luis comparten la preparación del primero de cara a su presentación en público. Con un cartel de lujo y en una plaza muy ligada a la familia Pereda, como es la de Zalamea la Real. Se acerca el día y, como consecuencia, se aprieta la exigencia a la hora de limar fallos y mejorar los conceptos ya adquiridos. A Juan se le nota con el verdor propio de quien comienza un camino que no para de enseñar, pero, a la vez, con la decisión de tirar hacia adelante y la capacidad para escuchar, asimilar y poner en práctica.

 

Este nuevo Quinta -a quien su padre, desde la media distancia que obliga el torear casi todas la tardes, sigue con la misma expectación que realismo- va forjando también su sueño con una cuadra criada y hecha casi en su totalidad en la Yeguada de José Luis Pereda. Hasta el camión que el nuevo rejoneador utilizará en los primeros compromisos que le esperan en su incipiente carrera el próximo mes de septiembre es propiedad del ganadero onubense. Y parte de su personal. "Es un chico muy trabajador, que tiene metido su sueño en la mente y para el que no cuentan las horas cuando se trata de entrenar y de montar. Es un buen primer pilar, casi el fundamental, diría yo: estar dispuesto a dejarse tanto como el toreo reclama", explica Pereda. Como queda dicho, el reloj de la espera para el debut ya cuenta hacia atrás, por eso el nivel de intensidad de todo el trabajo previo va subiendo. En la teoría de la pista en Barroso y en la práctica de la plaza de tientas en La Dehesilla. En este sentido, fue importante el tentadero de estos días -compartido con el matador de toros Pepe Moral- que permitió a Juan Quinta medirse a dos novillos de la casa, de diferente condición y, por tanto, de variada exigencia. Una prueba que deja dos conclusiones claras: que el camino por delante es largo aún, pero también que, como queda dicho, el nuevo torero a caballo tiene el celo suficiente para insistir una y otra vez en las suertes hasta que éstas salen tal como son.

 

 

 

"En mi familia sabemos bien de la dificultad que tiene el toro. Eso ya lo tengo ganado: se que aquí no hay tiempo que perder y que, si se está, es para estar de verdad, no para jugar. Lo tengo claro. Pero también tengo la decisión de trabajar con todas mis fuerzas para aprender cada día y estar a la altura de lo que me viene por delante", afirma Juan Quinta, cuya expresión conjuga la concentración y la seriedad de quien tiene todos los sentidos alerta para absorber cuanto está recibiendo y la preocupación -que es responsabilidad también- de quien siente cuántas miradas habrá puestas en él cuando el próximo 3 de septiembre se convierta en torero por primera vez en su vida. 

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