free templates joomla
@PeredaDehesilla

El laboratorio del campo no cesa...

 

Es otoño -invierno, en el decir taurino-, pero en el toreo todo sigue. El laboratorio del campo no para de bullir. No puede cesar. Es la alquimia de la vida la que está al fuego lento del tiempo y ahí no hay pausas. La vida siempre está en marcha, nunca para. Tampoco en el campo bravo. La búsqueda es incesante, continua, constante, incansable. Esa nueva embestida, ese matiz diferente, esa virtud tras la que se estaba, ese defecto que queda por pulir... La cocción de la bravura puesta en la sartén del empeño del hombre en su pulso con la naturaleza. Mañana de tentadero en La Dehesilla...

 

Protagonistas, dos toreros jóvenes, con los años en la boca, con todas las ilusiones a flor de piel de cara al futuro que es hoy mismo. Juan Leal, matador de toros, de estreno estos días: tiene nuevos apoderados que se unen al trabajo de años que con él viene realizando ese romántico que es Maurice Berho. Y Alfonso Cadaval, novillero, de apellido ilustre, de artista, un torero en sazón que va muy en serio. Enfrente, cuatro vacas de diversa condición. Mejor dos de ellas que la suerte -también en un tentadero cuenta- quiso caer equitativa para ambos. Una becerra para cada uno de ellos de franca condición. Humilladoras, de largo viaje y trazo limpio, entregadas, con clase. Nobles y prontas. Con esa calidad especial que fluye por los ríos de la sangre Núñez. Dos vacas que dejaron a los toreros mostrarse en su personalidad. Diferentes las dos. Y relajarse. Y hundir cinturas y mentones. Y dejar correr las muñecas sin prisas y sin pausas. Ligando las series para que cada tanda surgiera como partes completas de un todo sólido y homogéneo.

 

 

 

Otras dos becerras hubo más exigentes. Con teclas que tocar, que se dice ahora. Dos ejemplares que hicieron pensar a los toreros. Comprometerse. Lidiar. También eso es el toreo: la búsqueda y el hallazgo de soluciones a las interrogantes del instinto animal. Y también así se crece y se ahonda en el oficio de dos toreros jóvenes, Juan Leal y Alfonso Cadaval, matador uno, novillero el otro, que andan en plena sazón. Buscando y buscándose también. Que tampoco para ellos el invierno -otoño realmente- conoce de pausas. Que pronto sonarán los primeros clarines y timbales y habrá que salir a la plaza a reivindicarse. Así es la Tauromaquia: siempre viva, palpitando siempre, emocionante siempre, auténtica siempre. Como esta mañana de tentadero en La Dehesilla al arrullo de este tiempo tan especial para el toreo y su forja.

 

 

Fotos: MAURICE BERHO

Este sitio utiliza cookies propias y de terceros para optimizar tu navegación, adaptarse a tus preferencias y realizar labores analíticas. Aceptar Más información