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@PeredaDehesilla

Sellando el futuro de la ganadería

Es una de las tareas propias del invierno taurino. Uno de esos quehaceres que forma parte de la vida de las ganaderías, una necesidad, un momento ineludible y, desde luego, ilusionante por cuanto que supone dar carta de naturaleza al futuro inmediato de cada hierro. Se trata del herradero. La ocasión en la que se fija a fuego, a fuego de ley –la ley de la vida- el hierro en la piel del ganado nuevo que se incorpora a la población de la ganadería.

 

Las nuevas vacas, los nuevos machos, que ya lucirán para siempre el pial al que pertenecen, el número que les identifica y el guarismo que certifica su condición entre añojo, eral, utrera, cuatreño, e incluso, cinqueño. Éstas pasadas han sido semanas de herradero en La Dehesilla. Unas 250 reses lucen ya los hierros de la casa y encanan, pues, el futuro inmediato de la vacada, la simiente sobre la que se levanta los próximos años y, en ellos, la suerte de la ganadería en el proceso en que se encuentra de búsqueda, recuperación y fijación de los caracteres que les son propios por la sangre que le corre por las venas.

 

 

 

Una tarea hermosa, íntima, jubilosa, que requiere, como todo en el campo bravo, del tacto y el bien hacer de la gente que materializa cada día la vida de la vacada. Todo debe ser medido. Cada interviniente, en su lugar justo, con sus funciones bien reconocidas porque está en juego la integridad de los animales. Cada paso, milimétrico para que sea preciso. Y así, una y otra vez, este otoño-invierno, hasta por 250 veces, tantas como a reses se ha sellado con el fuego que marca el mañana de la ganadería. La vida sigue...

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