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@PeredaDehesilla

La versión más pura de la afición

Arribaron a La Dehesilla en una larga comitiva de coches que anunciaban una mañana especial e intensa. Eran los alumnos del Curso de Toreo de Salón para Aficionados Prácticos que organiza el Aula Joven de la Plaza de Toros La Merced y que alcanza la tercera edición. Venían para protagonizar el primero de los dos tentaderos finales que servirán a los aficionados para poner a prueba toda la teoría aprendida durante las seis semanas previas que duraron las clases. 

 

Fueron recibidos en el patio de la casa por los ganaderos, que le dieron la bienvenida celebrando que estuvieran allí. "Sóis vosotros quienes dáis ese impulso que se escapa a los profesionales de los distintos sectores del toreo. Esas acciones que sirven para poner la Fiesta de verdad en manos de la gente y promocionarla y difundirla para garantizar su futuro. Por eso siempre encontraréis abiertas las puertas de esta casa", dijo José Luis Pereda. Tras compartir un desayuno, llegó el momento de bajar a la plaza y organizar el desarrollo del tentadero. Todo ello, empezando por el orden en el que iban a intervenir y que quedó determinado mediante un sorteo, cual si fuera un mediodía de toros en cualquier plaza de toros del mundo. Ahí fue la primera expectación entre los alumnos: esperar a ver cuándo les tocaría torear.

 

 

 

Tuvieron más suerte los primeros, que, tras parar la becerra el novillero David de Miranda, disfrutaron con las embestidas nobles y templadas de esa primera vaca. Fija, pronta, noble y con mucha clase. Más inciertas fueron las dos siguientes, lo que redujo las posibilidades de disfrute de los aficionados prácticos, siempre aconsejados por sus profesores, los banderilleros Manolo Contreras, Raúl Corralejo y Pedro Muriel, así como el propio David de Miranda. La última becerra quedó reservada para los más jóvenes de los alumnos, niños en su mayoría, que vivieron la experiencia de ponerse delante de las vacas bravas por primera vez en sus vidas. En algún caso, en brazos de los profesores. Otros, se atrevieron a hacerlo pie a tierra para dejar destellos hermosos de su afición incipiente.

 

 

 

Al final, otra vez en comitiva, marcharon todos de regreso a sus diversos puntos de origen, ilusionados unos por lo disfrutado; otros, con el reconcome de que las cosas no hubieran salido como deseaban. Pero esto también les sirvió para sentir en su propia piel toda la grandeza del toreo, de cuyo futuro son ellos los más fieles guardianes. Al fin y al cabo, encarnan la versión más pura de la afición a los toros.

 

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Fotos JOSÉ MARÍA PÉREZ MARÍN

 

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