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@PeredaDehesilla

El mayoral


Miguel López González lleva ya treinta años trabajando en la casa Pereda. Llegó a ella siendo un niño, ayudando en la siembra de grano desde un tractor de cadena. Y apenas con quince años movió a caballo su primer lote de vacas para sacarlas de un rastrojo. Recuerdos que el mayoral de José Luis Pereda y La Dehesilla aún tiene frescos en la memoria. Nacido en El Rosal de la Frontera, nunca antes tuvo contacto con el toro bravo. Ni él ni su familia. Pero el trabajo y el contacto diario con el animal le han convertido ya hoy “en un profundo enamorado del toro”, asegura. “Tuvimos aquí un toro, se llamaba Curro y estaba herrado con el número 25. Lo criamos a biberón porque su madre murió y fue un animal muy especial por el cariño que le cogí y por cómo atendía a mis llamadas”, recuerda.

 

Miguel López, mayoral de la ganadería desde 1995, es un apasionado del campo y de su trabajo. “Es mi pasión, lo que más me gusta”, afirma, mientras explica que, si no fuera así, la labor de mayoral sería imposible. “Aquí los días no tienen horas ni hay fiestas. El cuidado del toro lo absorbe todo”, señala.

 

 

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