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@PeredaDehesilla

La forja de un ganadero

Aún joven, pero José Luis Pereda García ya era un empresario industrial de éxito en la década de los setenta. El campo siempre fue su pasión y en el campo invirtió gran parte de los frutos de su esfuerzo profesional. El campo destinado por entonces a la cría de ganado manso, una actividad donde ya contaba con un reconocido prestigio por la calidad de las carnes que producía. Esa tarea le deparó cercanos contactos con ganaderos de bravo, sobre todo salmantinos, de cuyos encuentros participaba comúnmente en Madrid, hasta el punto de que en ellos encontró una importante motivación para dar el paso al frente y adentrarse en la ganadería de lidia. Una experiencia personal que el propio José Luis Pereda relata: "Soy ganadero de bravo porque en los comienzos de mis negocios me reunía en el Hotel Wlellintong con un grupo de ganaderos de Salamanca y un día, uno ya mayor, me dijo que yo podría tener todas las fincas y el dinero que tuviese, pero que si pasaba por el Paseo de la Castellana nadie se iba a dar cuenta de quién era yo. En cambio, si tenía vacas y sementales bravos y mis toros los mataban las figuras del toreo, la gente, al verme, diría “por allí va don José Luis Pereda"Y esto que así contado puede parecer una vanidad, lo asimilé en ese momento como una de las mejores herencias que yo le podía dejar a mis hijos. Así que me lo pensé y me decidí a intentar ser ganadero. Entonces compré unas treinta vacas y un semental a la familia de Alventus, en Trebujena, con dos taurinos de Huelva como Pepe Cunquero y Antonio Infante “Alín” como corredores. En aquel entonces en la finca, en el Rosal de la Frontera, no había ni plaza de toros ni cerrados de vacas ni instalaciones pero echamos aquel ganado al campo con la idea de saber si la gente de la finca y del pueblo podrían convivir con toros bravos. Comprobamos que sí y aquello fue avanzando, así que en los años 76-77 vendí todo ese ganado y compré a Berrocal vacas con encaste completamente Núñez, que son las que aún tengo hoy en día".

 

Los antecedentes de esas reses por las que José Luis Pereda apostó hay que buscarlos en 1952, cuando se divide la ganadería de Juan Bautista Conradi. Uno de los lotes correspondió a Amparo Conradi Alonso, la cual lo vendió a Saturnino Pérez Alonso, que adquirió ese mismo año un lote de vacas de Juan Pedro Domecq y Díez y otro del marqués de Villamarta, eliminando las reses de Conradi. En 1958 adquirió reses de varios hierros, como Escudero Calvo, Clairac, Juan Pedro Domecq, Alvaro Domecq y Lisardo Sánchez y años más tarde fue vendida a Rafael Beca Gutiérrez, hasta que en 1979 la adquiere José Martín Berrocal. "Por lo tanto, Berrocal tenía reses de Núñez de procedencia Rincón, Villamarta y Núñez Hermanos y esta última parte, que se la había adquirido don Carlos Núñez a Francisco Chica de Navarro, era la que más me gustaba y fue la que compré. También era la que más mataban las figuras del toreo en su momento", explica el ganadero.

 

José Luis Pereda García comenzó así a cimentar su historia como ganadero de bravo en la finca La Dehesilla, en la localidad onubense de Rosal de la Frontera, la misma finca que hoy sigue siendo el corazón de su ganadería.

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