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@PeredaDehesilla

La doma

Los potros al destete se marcan con un año para saber quién es el padre y la madre y llevar el control. Después se llevan un tiempo largo comiendo con acompañamiento de pienso para que cojan morfología y estén bien alimentados. Más tarde se sueltan en el campo hasta aproximadamente dos años o dos años y medio. Es en ese momento cuando se meten en la cuadra con pienso.

 

Las yeguas se doman para el trabajo con una doma más básica, ya que no suelen rejonear y a los potros, en primer lugar, se le da un manejo de cuerda en el picadero. Después se les van poniendo el cinchuelo, la montura y el filete hasta que a los tres años empiezan con el carretón. A partir de ahí se les echa el toro manso y se le empiezan a sacar vacas. Es el mismo caballo el que va pidiendo el nivel de desarrollo que necesita. “Ésa es la fase en la que empezamos a buscarle su sitio en función de sus características, es decir, si va a ser un caballo de salida, para banderillas, para el quiebro o para matar. Si tienen habilidad para cruzarse el pitón contrario, pues lo fomentas. Si tiene cualidad para doblarse, lo ponemos de salida. Si anda bien a la rueda, lo destinamos para matar. Y si tiene habilidad para la alta escuela, le abrimos la mano y lo domamos en esa alta escuela para que después salga a la plaza”, explica José Luis Pereda López. 

 

Pero en la Yeguada de José Luis Pereda no sólo se crían y doman caballos para torear. También se les prepara para el acoso y derribo, una práctica de mucho uso y utilidad en la casa y hacia la que los ganaderos profesan una notable afición. También para la doma vaquera, a la que se dedica el caballo cruzado del luso árabe. Se le doma primero en el picadero y luego se le va introduciendo en todos los ejercicios de vaquera hasta alcanzar el nivel máximo.

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